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Ruta memorias del agua

Itinerario: Recorrido circular trazado en torno al Palacio del Infante don Luis que muestra algunos de los elementos del paisaje ligados al uso del agua como son la Fuente del Caño, las charcas y el charcón, el aljibe  del Palacio del Infante don Luis, los huertos urbanos o la Fuente de Ventura Rodríguez.
Valores: Históricos, medioambientales y culturales.
Longitud: 4 km.
Duración aproximada: a pie: 1,5h. Bicicleta: 50min.
Desnivel: 656-679 m.s.n.m.
Pendiente: media: 2,8%,  máxima: 13,7%
Accesibilidad: Caminos de tierra. Escalera en el camino hacia el Aula Medioambiental. En el caso de personas con movilidad reducida, se puede comenzar la ruta desde la Fuente de Ventura Rodríguez. 

El paisaje de Boadilla del Monte es el resultado de la fusión entre su patrimonio histórico-artístico y el patrimonio natural. En el caso de los recursos hídricos y el uso de los mismos, también existe una relación entre ambos conceptos, y es que la relación del hombre con el agua se ha mantenido vigente desde tiempos inmemoriales hasta la actualidad.

A lo largo de la historia se han utilizado diferentes métodos para la obtención del agua, pero siempre con la misma finalidad: calmar la sed de los que iban en su búsqueda, regar los cultivos y suministrar agua al ganado.

En el caso de Boadilla del Monte, los primeros vestigios se encuentran indagando en su patrimonio histórico, en concreto en el Convento Carmelita de la Encarnación (siglo XVII). La obtención del agua en el Convento se llevó a cabo mediante una conducción bajo tierra que conectaba con el manantial de agua subterránea que diversas fuentes sitúan entre la actual Urbanización Pino Centinela y el Club Las Encinas de Boadilla. El agua del acuífero discurría por gravedad a través de ella y se llevaba a la  superficie mediante una serie de pozos verticales. Estos pozos, también denominados de edimentación, no sólo facilitaban la purificación del agua mediante su oxigenación, sino que permitían el acceso de personas para el mantenimiento y limpieza del sistema.

En su descenso, paralelo a la Calle de los Mártires hasta llegar al Convento Carmelita de la Encarnación, el agua de los conductos llegaba a una arqueta que permitió con posterioridad la ampliación de la mina para suministrar agua al palacio.

Sabias que…?

En 1761, tras la adquisición del palacio por parte del Infante don Luis a los Marqueses e Mirabal, se lleva a cabo un proyecto de remodelación (1763-1765) en el que se engloba el depósito de agua conocido como Fuente de Ventura Rodríguez.

A partir de esta arqueta, se conectaron las aguas del convento con el depósito, pudiendo suministrar agua al palacio. Para ello se crearon canalizaciones bajo tierra a partir de la popularmente conocida como Fuente de los Tres Caños.

Según esta descripción, el origen del agua en Boadilla del Monte se encuentra principalmente bajo tierra. No solamente el convento aprovechó el agua subterránea, sino que se trató de una práctica habitual para la obtención del preciado recurso. Cuando la perforación en el suelo alcanzaba el nivel freático, y tomando el extremo inferior del mismo como inicio, se abrían una serie de conductos de forma radial para captar el agua desde manantiales más alejados y conducirla mediante gravedad hasta el punto de interés. La localización del acuífero se determinaba a través de la observación del monte, identificando aquellas zonas con cambios en la vegetación (zarzales y juncales) y posibles afloramientos de agua.

Las minas o pozos que se encontraban en el monte de Boadilla han ido desapareciendo con el tiempo. En un principio, los labradores y pastores se encargaban de su mantenimiento y limpieza, ya que tanto los cultivos como el ganado dependían de la cantidad y la calidad de las aguas.

Uno de los espacios más conocidos en Boadilla del Monte es la Fuente del Caño, situada en el parque del mismo nombre. Dicha fuente, que suministraba agua a los vecinos, tenía su captación en los manantiales de los montes circundantes, conectándose con la misma mediante un sistema de conductos denominados minas y construidos en ladrillo. El tiempo ha logrado silenciar el constante brotar de la fuente, pero la memoria de sus aguas permanece presente aún hoy en día en los vecinos del municipio.

Muy cerca de la Fuente del Caño, a orillas del Arroyo del Nacedero y tras el muro de las huertas del palacio, tenía lugar otro de los usos más importantes asociado al agua: el lavado de la ropa. En este  junto, las charcas fueron un espacio en el que las mujeres de Boadilla del Monte se acercaban a lavar la ropa, se contaban historias y vivencias acerca de los vecinos del pueblo, mientras los niños, despreocupados, corrían siempre en busca de diversión.

La ropa interior se solía lavar en casa, mientras que el resto de la ropa, así como la de cama y aseo, era transportada en un barreño o cesto de mimbre hasta las aguas del arroyo. Los niños acompañaban a sus madres con la tabla de lavar la ropa colgada al cuello, para después clavarlas en la tierra gracias a los picos de los que estaban dotadas en sus extremos. El uso de los juncales y otros tipos de vegetación, era común para poder secar la ropa, dando entonces por finalizada la tarea. La primera de estas charcas colindaba con el actual puente de madera que cruza el Arroyo del Nacedero, a la altura de los nidos habilitados para las cigüeñas. La segunda charca se encontraba entre el puente mencionado y el Puente de Piedra, en el Camino a Madrid.

Aguas abajo, colindante con el Puente de Piedra, se encontraba el charcón, un remanso de agua construido mediante un dique elaborado con elementos naturales que frenaba el discurrir del agua para su utilización como abrevadero por el abundante ganado de la zona.

Cuando el agua rebosaba el dique, seguía el cauce del arroyo hasta encontrarse con el Río Guadarrama, alimentando las huertas aledañas al cauce. De hecho, aprovechando el abundante agua, se  construyeron canales denominados caceras, permitiendo que las huertas más necesitadas pudieran aprovechar también el agua del rústico abrevadero.

Compartiendo función con estos canales para el suministro de agua a las huertas, en torno al palacio, se pueden observar los aljibes en los que se almacenaba el agua proveniente de los acuíferos. El de mayores dimensiones se encuentra en la llanura de los nidos de cigüeñas y ponía en funcionamiento el riego de las huertas, frutales y jardines del palacio. Dos sistemas de conductos partían desde el aljibe hasta el Valle del Infante y hasta la Vereda de Valdecobos, captando y aunando las aguas de estos parajes en el histórico depósito.

En el lado opuesto y a menor altura, otra conducción subterránea captaba el agua del aljibe y la transportaba hasta las huertas. Si bien es bastante previsible que en muy pocas ocasiones el agua se llegara a desbordar, el sistema disponía de una arqueta de evacuación que permitía desviar el caudal para ser devuelta al Arroyo del Nacedero. Entre los acuíferos y el depósito de agua existían los ya mencionados pozos de sedimentación, el último de los cuales evitaba la colmatación del aljibe con materiales arrastrados con el agua.

En los años más secos o cuando la demanda de agua era muy acusada, el sistema de distribución por gravedad era insuficiente para regar las huertas, por lo que se construyó, anejo al aljibe, un pozo con templete, cuyo funcionamiento dependía de la tracción animal, ya que el arreo de una mula ponía en funcionamiento el sistema de extracción. El agua del pozo era conducida mediante un estrecho canal subterráneo hasta el depósito.

Colindante con el denominado “gallinero del Palacio”, se construyó en torno a los años sesenta del siglo pasado un pequeño aljibe cuyo llenado no dependía del agua de lluvia, ni de los conductos del Convento Carmelita de la Encarnación, sino de un pozo que lo abastecía de agua subterránea. Las huertas dispuestas en terraza a las que proporcionaba agua el citado pozo se encuentran en la vaguada situada entre la carretera M-513 y la Avenida Adolfo Suárez, donde en la actualidad se ubican los huertos urbanos.

El agua era transportada desde el aljibe hasta las zonas de cultivo mediante un sistema de riego tradicional que aún se conserva. El depósito se conectaba con las terrazas a través de una canalización subterránea y en cada una de ellas se construía una arqueta que se conserva como parte del paisaje cultural del municipio.

A partir de cada arqueta, se inundaba la terraza correspondiente, distribuyendo el agua gracias a la leve inclinación que los agricultores daban al terreno.

Los cambios que se han producido en el paisaje dificultan la interpretación de los elementos históricos y naturales vinculados al agua. Sin embargo, no se puede comprender el patrimonio histórico-artístico y natural, así como la historia de los vecinos de Boadilla del Monte, sin tener en cuenta tan preciado recurso. Gracias a las entrevistas con Patricio Fernández Sánchez, la memoria del agua en Boadilla permanece vigente.

Ruta Memorias del agua
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