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Ruta ornitológica

Itinerario: El recorrido propuesto es circular y discurre tanto a orillas del Arroyo de Vallelargo, como en el encinar del monte Norte.
Valores: Observación de aves, monte mediterráneo.
Longitud: 2,4 km
Duración aproximada:
- A pie: 1,5 – 2 h recomendable para la observación de aves
- Bicicleta: no se recomienda para observación de aves
Desnivel: 677-705 m.s.n.m.
Pendiente: Media: 4% - 4,8%. Máxima: 18%
Accesibilidad: Caminos de tierra en buen estado con posibles bancos de arena; tramos cortos con pendiente.

El recorrido comienza en el aparcamiento del Polideportivo Municipal de Boadilla del Monte, junto a la carretera M-513 en el tramo que conecta Boadilla con Pozuelo de Alarcón. La observación de aves se podrá iniciar en este mismo punto, desde donde es posible observar gorriones comunes (Passer domesticus), estorninos negros (Sturnus unicolor) y, en primavera y verano, golondrinas y vencejos

sobrevolando la zona. Se accederá al monte por la puerta habilitada en la valla al final del aparcamiento, desde donde se pasa al Monte Norte atravesando el cauce del Arroyo de Vallelargo por debajo de la carretera M513.

En este punto se puede apreciar el Puente de Piedra, construido por Ventura Rodríguez y restaurado en el año 2013 y uno de los accesos a las minas que traían el agua al municipio desde los manantiales del Monte. Continuando este camino que discurre paralelo al Arroyo de Vallelargo, resaltan los cantos de algunas aves que se ocultan en la espesa vegetación de la ribera como el cetia ruiseñor (Cettia cetti).

Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos), o el zarcero políglota (Hippolais polyglotta).

Este tramo del arroyo también es habitado en primavera y verano por una de las aves más coloridas de Europa, el abejaruco europeo (Merops apiaster). Si se oyen sus cantos, se puede intentar observarlos, esperando que salgan de sus refugios.

Continuar por este camino, emplazado en un entorno de encinares adehesados con algunos pinos piñoneros de gran tamaño, favorece la observación de pinzones vulgares (Fringilla coelebs) y las inconfundibles abubillas (Upupa epops) buscando en el suelo lombrices y otras presas.

A unos 700 metros del Puente de Piedra la ruta gira a la izquierda adentrándose en una zona de pinar de repoblación, característico por el tamaño similar de los ejemplares que la componen. Encinar y pinar se mezclan hasta llegar a una intersección desde la que se observan dos ejemplares de alcornoque de gran porte, uno de ellos catalogado como árbol singular por la Comunidad de Madrid. En este espacio suelen deambular carboneros comunes (Parus major) y herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) haciendo malabares en finas ramas mientras buscan insectos, así como un ave diminuta, con apenas 9 cm de longitud: el reyezuelo listado (Regulus ignicapilla).

Mientras se camina, es recomendable estar atento a los cantos o reclamos de las aves; por ejemplo, si se escuchan unos delicados reclamos compuestos de tres notas agudas “tsi tsi tsi” seguramente será una bandada de mitos (Aegithalos caudatus) moviéndose de árbol en árbol en busca de alimento. También conviene, de cuando en cuando, echar un vistazo al cielo, en busca de aves que pueden estar

sobrevolando la zona, tales como busardo ratonero (Buteo buteo), milano negro (Milvus migrans), buitres negro (Aegypius monachus) y leonado (Gyps fulvus), e incluso, con algo de suerte, se podrá divisar algún ejemplar de águila imperial (Aquila adalberti), que sobrevuelan el monte de Boadilla mientras se desplazan entre sus zonas de anidada y caza.

La ruta continúa entre encinares acompañados por especies de jaras como la jara pringosa (Cistus ladanifer), la jara blanca caracterizada por sus flores rosas (Cistus albidus), jaguarcillo (Hallimium hallimifolium), santolina (Santolina rosmarinifolia), etc, hasta llegar a la valla del Club de las Encinas, donde se girará a la izquierda para bajar lentamente en dirección al Puente de Piedra, completando así la ruta circular. 

En este último tramo probablemente se podrá observar a la críptica alondra totovía (Lullula arborea) o al serín verdecillo (Serinus serinus), cuya presencia se advertirá al oír su canto: un acelerado, prolongado y estridente gorjeo, que emite desde la copa de un árbol o incluso en vuelo.

Abejaruco europeo (Merops apiaster):

Una de las aves más coloridas de la península, tanto es así que hace uso de casi toda la paleta de colores: azul, turquesa, amarillo, marrón, blanco, negro, verde, marrón e incluso rojo (en los ojos).

En muchas poblaciones consideran la emisión de cantos de esta especie como un indicio de que lloverá.

Su canto gorgojeante es muy característico. Tal como indica su nombre, es una especie que tiene a las abejas y avispas como presas favoritas. Es un migrador transahariano que inverna en África tropical.

Excava un túnel en taludes y barrancos donde construye sus nidos formando colonias.

Pinzón vulgar (Fringilla coelebs):

Ave del tamaño de un gorrión que se distingue fácilmente por una llamativa banda blanca en el ala y por las plumas blancas externas de la cola que se ven fácilmente cuando alza el vuelo.

Los pinzones son forestales en primavera, pero en invierno se agrupan en grandes bandos en barbechos, cardonales, prados, etc. Emiten diferentes reclamos, entre los que destacan un fuerte piído (“chíiip” o “píinc”) y un suave y aflautado “suiiit” o “juíiit”. El canto del macho es muy característico y se compone por una serie ascendente, seguida por una más corta y rápida y por último un chirrido que puede describirse como “Demetrrrio”.

Es una de las aves más abundantes de la Península Ibérica, siendo superada únicamente por especies  como el Gorrión común (Passer domesticus).

La dieta del pinzón vulgar es omnívora, basada fundamentalmente en insectos, brotes, yemas, frutos carnosos, semillas, etc.

Abubilla (Upupa epops):

Ave con rasgos físicos muy peculiares, gran cresta que despliega en situaciones de alerta y alas con gran contraste entre blanco y negro.

Se alimenta de insectos que captura con su pico largo y curvo especializado para esta tarea.

Anida en cavidades en troncos y ramas. A diferencia de la mayoría de las aves, las abubillas no sacan del nido los excrementos de las crías, lo que le confiere un fuerte olor. Este mal olor, probablemente le sirve para que sus crías no sean tan apetecibles. Se suele decir que las crías tienen la capacidad de lanzar las heces a propulsión con la intención de ahuyentar a los depredadores que se acercan al nido.

La abubilla usa su característica cresta para comunicar a sus congéneres la existencia de algún peligro.

Tanto su nombre común como su nombre científico son onomatopéyicos que transcriben su canto de tres notas graves “a-bu-bu” o bien, “u-pu-pa”. 

Es una especie migradora que inverna por todo el Sur del Sáhara.

Mito común (Aegithalos caudatus):

También conocido como el “pajarito chupa chups”, por su cuerpo redondeado y su larga y fina cola. La cola es más larga que el resto del cuerpo (8 cm de cola, 6 cm de cuerpo).

Sus nidos ovalados y cerrados son muy elaborados y los construyen en la horquilla de un árbol o arbusto.

Son muy sociales y suelen moverse en grupos (especialmente en otoño e invierno), por lo que casi siempre que se vea a uno llegar a un árbol o arbusto puede suponerse que otros le seguirán. Se dice que “No se ve a un mito sin su amiguito”. Una de sus vocalizaciones más comunes son tres notas agudas leves “tsi tsi tsi”.

Milano negro (Milvus migrans):

Es una especie migratoria, por lo que deberemos esperar a la primavera-verano para poder verlos de forma regular, siendo la rapaz más común en el monte de Boadilla.

El milano negro no es muy selectivo en lo que a alimentación se refiere y se conforma habitualmente con animales muertos o heridos o bien con alimentos que encuentra en vertederos.

En la época reproductora se puede disfrutar de un impresionante despliegue de acrobacias aéreas. Su cola está ligeramente ahorquillada (borde en forma de “V”) y la rota notablemente mientras planea.

Alondra totovía (Lullula arborea):

Normalmente resulta más fácil oírla que verla. Su canto es un trino aflautado que se acelera y suele ser emitido durante el vuelo.

Ocupa medios abiertos con árboles o arbustos dispersos. En el Monte de Boadilla ha sido ubicada en zonas de monte bajo.

Al igual que el resto de aláudidos, tiene una coloración de tonos pardos crípticos, pero se puede diferenciar del resto porque las “cejas” o listas oculares se unen en la nuca.

Es fundamentalmente granívora, pero en época reproductora también se alimenta de insectos.

Otras de las especies que podrían verse o escucharse en este recorrido son:

Paloma torcaz (Columba palumbus):

La paloma de mayor tamaño en el territorio español. Habita en una amplia variedad de ambientes, pero prefiere los bosques y, en menor medida, dehesas y zonas arbustivas. Inconfundible por sus manchas blancas en cuello y alas, que en vuelo recuerdan a las “asas de una mochila”.

Alimenta a los pollos mediante una secreción del buche de los adultos durante los dos o tres primeros días, por lo que en estos días, el pollo mete su cabeza dentro del pico del adulto, en lugar de que el adulto meta el pico con la ceba dentro del pico del pollo.

Urraca común (Pica pica): Plumaje blanquinegro que muestra llamativas irisaciones azules y verdes en las alas y cola, respectivamente. Extraordinariamente adaptable y exitosa, por lo que se puede  encontrar en casi cualquier ambiente. Es una especie estrictamente sedentaria, que raramente realiza

movimientos superiores a los 50 km de radio.

Omnívora y oportunista, la urraca se alimenta de casi cualquier cosa: granos, insectos, pequeños reptiles y mamíferos, carroña, pollos y huevos, desechos humanos, etc. Emite una gran variedad de  localizaciones, entre las que destacan sonidos de alarma que emiten al disputarse alimentos o ante la presencia de algún depredador como aves rapaces, a los que atacan para ahuyentarlos de la zona, especialmente si están cerca del nido.

Una característica de los nidos es que están reforzados con barro y algunas veces incluso tienen un entramado de ramas a modo de parasol.

Suele ser de las primeras aves del monte que llegan a la carroña, donde después de comer las partes blandas, se mueve y agita constantemente para llamar la atención de cuervos, buitres y milanos, quienes con sus picos más fuertes pueden cortar y trocear la carroña. La urraca espera y después repasa los restos. 

Como todos los córvidos, tienen el instinto de almacenar, por lo que ocultan el alimento sobrante, así como objetos brillantes o coloridos que llamen su atención.

Agateador europeo (Certhia brachydactyla):

Se le llama agateador ya que “gatea” en los árboles. Pequeña ave forestal de pico fino, largo y curvo, con un plumaje críptico en las partes superiores (cabeza, alas, dorso y cola) que recorre los troncos y ramas de los árboles en busca de invertebrados (arañas, gorgojos, tijeretas, orugas, etc).

A diferencia del trepador azul, el agateador se desplaza por los troncos de abajo a arriba. Tiene las plumas de la cola especialmente rígidas (rasgo que también presentan los pájaros carpinteros) y las emplean como apoyo para mantenerse o trepar por los árboles.

Al llegar a cierta altura mientras recorre un árbol, vuela a un árbol vecino, posándose en la parte baja del tronco, desde donde empieza a recorrerlo de nuevo en sentido ascendente.

Sus vocalizaciones son potentes y agudas entre las que destaca el típico “tuiiiít”.

Se puede comparar su canto con la frase “A-ga-tea-dor - soy”, ya que coinciden el número de notas con las sílabas de dicha frase.

Ésta especie se ve especialmente afectada por el uso de plaguicidas en zonas forestales y por la fragmentación de estos espacios.

Mochuelo común (Athene noctua):

Es la rapaz nocturna más fácil de ver, tanto por ser bastante activa durante el día, como por ocupar ambientes agrarios, donde suele posarse en muros y/o postes.

Rapaz compacta de mediano tamaño, y cabeza y ojos grandes.

Desde tiempos antiguos se ha relacionado a esta especie con la sabiduría y suele ser la representación de la diosa Atenea (o Minerva en la cultura romana).

Suele reaccionar a un posible peligro (como cuando alguien se acerca a alguno de ellos) agitando bruscamente la cabeza con movimientos verticales, dando la apariencia de dar pequeños saltos, cuando en realidad no mueve el resto del cuerpo.

Emite muchas vocalizaciones, casi todas ellas agudas y se asemejan a maullidos.

De ahí que en algunos sitios la creencia popular difunde que el Mochuelo dice: “mío, mío, mío” o bien “mieo, mieo, mieo”.

Se alimenta principalmente de invertebrados y ocasionalmente de pequeños roedores.

Una de las principales amenazas de esta especie son los drásticos cambios en los campos agrícolas españoles, ambientes a los que ya se había adaptado.

 

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